sábado, 6 de febrero de 2016

Fanática número uno de Kennys Vargas


Kennys Vargas (semisquare-x3)
Elda ha sido una pieza fundamental en el desarrollo de Kennys. (Juan Luis Martínez Pérez)


Fanática número uno de Kennys Vargas

El joven es uno de los nuevos rostros del pelotero boricua en las Grandes Ligas

viernes, 5 de febrero de 2016 - 12:02 AM
Por Carlos Rosa Rosa
SANTO DOMINGO - “Pa’ las malangas, Kennys”.
Es el grito de una voz femenina que sale de las gradas del Estadio Quisqueya Juan Marichal cuando el inicialista de Puerto Rico, Kennys Vargas, consume un turno en esta Serie del Caribe.
Con una camiseta de Puerto Rico, Elda M. Gautier, apenas puede ocultar el entusiasmo de ver a su hijo Kennys sobre el terreno de juego. Es una alegría que siempre está presente sin importar la cantidad de veces que ve a su vástago jugar.
“Me emociono”, dice Elda al hablar de lo que siente al ver a su hijo con el uniforme. “Esto es parte de mi existir. Y toda madre -que ve a sus hijos lograr sus metas después de tantos sacrificios, discriminación y tropiezos- debe sentirse muy orgullosa”.
Vargas, de 25 años, es uno de los nuevos rostros del pelotero boricua en las Grandes Ligas. Pertenece a la organización de los Mellizos de Minnesota y a los Indios de Mayagüez en el béisbol invernal.
En esta temporada invernal viene de alcanzar el premio de Jugador Más Valioso en la fase regular y próximamente se reportará a los campos primaverales de los Mellizos con miras a su tercera campaña en el mejor béisbol del mundo.
Elda ha sido una pieza fundamental en el desarrollo de Kennys. Ha sido su guía y motor. Contó que se divorció cuando Kennys apenas tenía tres años y asumió todas las responsabilidades del hogar. En aquel entonces vivía frente a un parque, y Kennys, junto a su hermano Jeronys, empezaron a jugar béisbol a bien temprana edad. “Ya a los cuatros años, Kennys jugaba”, rememora la maestra de profesión.


En el terreno, Kennys era el “big boy”, recuerda Elda al precisar que su hijo nació con un peso de 10 libras y un tamaño de 22 pulgadas y media.
Elda fue la encargada de correr con Kennys en todos los parques. Primero en Río Piedras y luego en Canóvanas. “Me encantaba ir a los parques. Lo defendía a uñas y dientes de los dirigentes y apoderados que pensaban primero en sus hijos”.
Kennys gozaba de un gran cuerpo y también le dedicaba tiempo al baloncesto en la escuela y en el barrio. “Me gustaba mucho el baloncesto”, reconoce Kennys. En la escuela superior, Elda continuó impulsando a Kennys al béisbol. Veía en él, el potencial de convertirse en un jugador profesional. Y Kennys tomó una decisión.
“Ella siempre me llevaba al parque. Ya los viernes el uniforme estaba lavado y listo. Y ella me recordaba que el sábado había juego de béisbol. Fueron cosas que me fueron llevando a enamorarme del béisbol, gracias a ella”.
“Y recuerdo en el grado 10 que renuncié a jugar en el torneo McDonald’s, que me podía ayudar a conseguir alguna beca en el baloncesto. Fue cuando comencé a formarme como pelotero”, cuenta el toletero.
Una ruta distinta.  La historia de Kennys es interesante porque él tomó otra ruta hacia el profesionalismo. Previo al sorteo de novatos de 2008, algunos escuchas de las organizaciones conocían poco sobre el talento de Vargas, y otros no lo proyectaban como un jugador profesional. No fue seleccionado en el ‘draft’.
Entonces viajó a República Dominicana. Y aquí trabajó en una academia independiente por unos meses. Posteriormente, fue invitado a una evaluación por los Mellizos y fue firmado como agente libre en febrero de 2009 con un bono cercano a los $100,000. A Elda no le tembló el pulso a la hora de enviar solo a su hijo a Dominicana. Lo hizo porque sabía que le ayudaría a desarrollar sus destrezas. “Cuando crías a un niño con raíces fuertes tienes esa seguridad que no va a estar en las drogas. Sus valores eran fuertes y sabía que nada lo iba a derrumbar”, dice Elda en compañía de su hijo.
Y Kennys le agradece toda el respaldo y apoyo en el desarrollo de su carrera. “Ella estuvo todo el tiempo a mi lado. Me llamaba para saber que todo estaba bien. Esa experiencia fue fundamental en mi camino al béisbol profesional”, comparte el jugador abrazado de su progenitora.
Uno de los momentos más emotivos de Elda fue el día que supo que Kennys había recibido la llamada de la gerencia de los Mellizos para notificarle que debía reportarse al equipo grande. Aconteció en medio de la temporada del 2014.
Se quedó sin voz.  “Ese año, Kennys cumplió uno de sus sueños cuando jugó en el partido de Futuras Estrellas en Minnesota. Luego de mi regreso a Puerto Rico, él me llama y me dice ‘voy camino a Kansas City’, y le pregunto ‘¿qué pasó? Y me dice ‘voy a debutar en las Grandes Ligas’. Fue un momento en que me quedé sin voz. Pensé en mi madre. La emoción fue grande. Y cuando fui a verlo a jugar esa primera vez, le di las gracias a Dios por tantos esfuerzos”, relata Elda aún con la emoción de aquel momento.
Y para Kennys fue un sueño hecho realidad. Un sueño que comenzó en un viaje a Nueva York en su adolescencia para presenciar un juego de los Yankees. “Cuando cumplió los 15 años nos pidió de regalo ir a un juego de los Yankees. Y cuando llega al estadio nos dice: ‘aquí voy a estar jugando algún día’. Y le dije: ‘el límite es el cielo… sueña, trabaja y lucha por tus metas’”, relata Elda.
Y precisamente fue lo que Kennys hizo de la mano de su progenitora, su mayor inspiración en esta vida.
“Ella es mi imagen. A la persona que cuando me levanto todas las mañanas tomo en cuenta. Ha sido parte importante de mi desarrollo”, manifiesta Kennys provocando nostalgia en su progenitora.

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